Una vez me dedicaron una canción

Hijos de un dios menor

In relaciones on Abril 12, 2007 at 10:16 am

A nuestros hijos se les educa a través de cuatro pilares: el intelectual, el físico, el emocional (psicológico) y el social. En las aulas (y en la calle con los amigos), los chicos más listos tienden a ser excluidos por otros niños de muchas actividades: sencillamente no se cuenta con ellos. Son “los raros”, “los geeks”, los inadaptados sociales. Dicho de otra forma: no se pueden desarrollar socialmente tan bien como lo hacen intelectual o incluso físicamente, porque no tienen la oportunidad de hacerlo.
Su desarrollo emocional también se queda atrás con respecto al de una “persona normal”, al no enfrentarse en su vida con una serie de situaciones y vivencias con las que si se suelen topar el resto de personas (el trato con los amigos, las primeras relaciones de pareja, discusiones, problemas, alegrías, etc…).

Fuente: http://javimoya.com/blog/…

He tenido la oportunidad de comprobar, como cualquier otra persona que ha sufrido la educación secundaria, cómo se desprecia sistemáticamente a cualquiera con conocimientos intelectuales (ligeramente) por encima de la media, y cómo se alaban los logros deportivos o sentimentales. Señores, la cultura yanqui ha conquistado nuestros corazones. O a lo mejor solo es la cultura de la mediocridad (experimento Polgar). En cualquier caso, es estúpido el desprecio/incredulidad que genera un estudiante con buen expediente académico entre sus compañeros de clase (¿envidia malsana?), y la admiración profana que se respira en torno a un figurín del deporte o a un don Juan yogurín. Si reflexiono sobre ello, llego a la conclusión de que la gente no perdona la superioridad intelectual, pero en cambio no tiene problemas para aceptar buenos resultados en deporte, por ejemplo. ¿Por qué? Seguramente se ha escrito mucho sobre ello, pero yo no lo he leído, así que cuento con la libertad suficiente como para especular sobre ello, y buscar luego información si me veo con ganas.

*Pausa para tomar un descanso*

Puede que exista la impresión generalizada de que cualquiera puede mejorar su rendimiento físico, y en cambio, lo que tiene que ver con lo intelectual se antoja más escurridizo o más genéticamente determinado. Así que, por favor, trata de no insultar a los demás demostrando tu capacidad mental y aprende a respetar que preferimos destacar en otras cosas (que no implican ser avergonzado socialmente). O, dicho de otro modo, los hay que prefieren invertir su tiempo en un crecimiento social -personas listas- en contraposición a los que buscan una maduración intelectual -personas inteligentes-. Y cualquiera de las dos opciones me parece igualmente respetable; yo no soy quién para juzgar, siempre y cuando tampoco lo hagan conmigo.

Otra circunstancia que puede tener su importancia en este asunto es la valoración social de unos y otros; si los niños son el reflejo de la sociedad en la que viven, y lo son, parecen sentir mayores deseos de emular a los héroes (deportivos, cinematográficos, artísticos…) que a los científicos. Trasladándolo a su propio terreno, en el insti se aprecia mucho más al buen deportista que al buen estudiante. No hablo solo de una preferencia, claro; existe un manifiesto desagrado hacia los que consiguen los mejores resultados académicos por el solo hecho de alcanzar ese rendimiento. Qué absurdo y sin embargo, qué frecuente situación. Personalmente, sí, he sido una empollona, y si debo ser totalmente imparcial, he de admitir que aprovechaban (aprovechábamos) cualquier ocasión para reírse de quien fuera. Los motivos eran lo de menos. Pero… había algo distinto en una burla hacia el guay y otra hacia el que no lo era tanto. Más que nada porque en el 2º caso la broma la provocaba ¿una buena calificación en un examen?

Sea como fuere, no tiene sentido la aversión que se desarrolla en las aulas hacia los cerebritos, como tampoco lo tiene muchas otras cosas en la vida. Esta es una de tantas, solo que esta en particular me hace hervir la sangre.

  1. Nefasto como estudiante, el deporte, y en concreto el fútbol, fue mi bote salvavidas en un mar lleno de tiburones. Afición que me ha acompañado en años posteriores, y que en muchas ocasiones me ha mantenido a flote. De hecho, la mayoría de excelentes, de los pocos que he tenido en mi vida de estudiante, fueron para la educación física. En mi época de EGB, eso que se estudiaba en la edad antigua, se daban situaciones como las que comentas. Recuerdo un chico que fue fichado por el club de fútbol de la ciudad, a la edad de 9 o 10 años, y que era un autentico héroe. Todo el mundo quería ser su amigo, y siempre iba rodeado de gente. Yo como individuo opuesto al empollon, o sea un penco, te puedo decir que no había desprecio por los más listos. Lo que pasa es que había algunos de estos que se sentían tan superiores a los demás, y lo hacían notar con tanto menosprecio hacia los que, digamos, nos costaba un poquito más lo de estudiar, que claro, se acababa por tenerles una tirria que no veas. Recuerdo algunos compañeros empollones, de los cuales guardo un gran recuerdo. Donde si había mucho menosprecio, o al menos donde estudie yo, era en el tema económico. La mayoría de mis compañeros, si es que algunos se les puede calificar de compañeros, eran de familias económicamente buenas. En cambio yo siempre he sido de familia más bien humilde. Ya te puedes imaginar, que si mis bambas son de tal marca y que si mi jersey es de esta otra, y como yo no iba de marca, pues venga a reírse e incluso a insultar.
    Creo que a esa edad, ya sea por una cosa o por otra, siempre acabas pillando.

  2. echando la mirada hacia atrás, ni fue tan terrible, ni tampoco se cumple eso de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. es una época que, como todas las que vas dejando atrás, no va a volver, para bien o para mal. hay cosas que cambiaría y otras que me gustaría seguir teniendo. en fin, me quedo con los momentos divertidos; tenía las típicas amigas de risa histérica, y yo no sé qué pasa en la adolescencia, pero la risa es MUY contagiosa.
    en mi caso, hablo de la ESO. bachillerato fue harina de otro costal, más que nada porque los empollones éramos mayoría (es lo que tiene el bachiller de ciencias de la salud).
    por cierto, sorry por el pisotón ;) será que verdaderamente todo está conectado.

  3. Me has pisado un post que tenía en mente y que decía muchas cosas que has dicho, bastante coincidente hasta en los ejemplos. Bueno, ya lo reelaboraré a mí manera.

    Sobre la baja popularidad de los empollones, no estoy tan seguro. Recuerdo que, el que sacaba buenas notas se le tenía en un cierto pedestal y, aunque no fuese muy popular, se le respetaba a pesar de que fuese algo patoso en los deportes (en el fútbol en concreto). El que siempre se ha llevado la peor parte, hablo de lo que hoy está considerado como acoso (o algo cercano) ha sido el que tiene una debilidad por su aspecto físico o psíquico. En mi caso, por suerte, a pesar de no ser popular (como buen tímido) y ser un vago como estudiante, tuve la suerte de evitar ser un mediocre recibidor de collejas al tener una muy buena zurda (de pié) y por ahí me gané algo de respeto, el justito para sobrevivir en un mundo y una edad muy cruel.

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