
Para los descreídos, los que me odian (pero siguen dando el coñazo), los que me eliminaron de su blogroll, los que creían que me había vuelto metafísica a golpe de cubata, los que ya no comentan y además me quitaron de su lector de feeds …
Para todos esos que nunca entraron en mi vida (porque nadie les invitó) y luego se despidieron a la francesa, va dedicado este post. Y no, no lo merecen.
(El problema ahora es que el resto de la entrada no va a estar al nivel del párrafo introductorio… Lo cual tampoco es mucho decir, así que seguiré adelante como si no notara el tufo kitsch que empieza a desprender todo esto -de hecho, y ahora me doy cuenta, el mismo título de este blog es pura vaciedad; es como decir, “Mi vida como atea”, o “Mi vida como estudiante”. Geez)
No es una sorpresa, al fin y al cabo es solo un patrón que se repite. Todo el mundo acaba por alejarse… En parte soy yo quien les da el último empujón, y en parte suspiro aliviada porque eso me libra de preocupaciones. No perder de vista que, cuanto más tiempo se le dedique a las neuras propias, más hermosotas crecerán. El tiempo precioso que inviertes en los demás, está siendo dolorosamente desperdiciado. “Altruismo egoísta”, me viene ahora a la mente. Google al habla, si alguien tiene dudas.
Sigo desde ahí; la primera vez que pierdes a alguien, sea un compañero de mesa, amigo, o amante, apenas duele. No caes en la cuenta de ello. En mi caso, fue mi (más) mejor amiga la que eligió otro camino después de haber compartido el mío durante 8 laaargos años. Supongo que a ella se le hicieron eternos. Por eso salió corriendo en cuanto tuvo una buena oportunidad (no la culpo; su instinto básico la guiaba; a mí me funcionaba el instinto aburrimiento y hartazgo). Y luego… tiempo después, hace ahora dos años, perdí otra amiga; esta vez la eché yo a patadas, de acuerdo… Y no preguntes por qué; creo que el comité de Sabios, en aquella época “El Tripartito” (ahora solo un dueto lamentable), alegó razones de fuerza mayor. No recuerdo bien. Estas dos amistades son probablemente las dos cosas que más tiempo han estado en mi vida (infancia, y luego adolescencia), que más rápidamente se han evaporado, y que menos he echado en falta en las épocas subsiguientes (el periodo de duelo, como si dijéramos). Y que tiempo después, con la disipación de brumas mentales, aprecio en su justa medida. Seguramente, y después de mis padres, han sido las dos personas que más han influido en mi vida y en mi carácter. Y creo que, en su mayor parte, ha sido para bien -los defectos los traía ya de fábrica, hay que decir.
Cada una de esas despedidas se ha llevado algo de mí que nunca volverá a crecer. M. y M. han sido únicas. Eso es lo único que realmente duele.
And still there will be no comments. Shame on you.




